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Islas Hébridas Escocia

A veces, de viaje, nos encontramos frente a un paisaje impresionante y empezamos a intentar meter todos los elementos dentro de la fotografía: el camino del primer plano, las montañas del fondo, la casita cuca que hay a un lado, los niños jugando en aquella otra esquina, y… ¡oooh! ¡el arcoiris!

Así que tiras de gran angular y una vez que todos los elementos (por fin) caben en la foto, disparas.

Y después de todo, resulta que el resultado no es tan impactante como esperabas.

¿Por qué?

Sencillo. Demasiados elementos.

El espectador (o tú mismo) no sabe dónde mirar. Son tantas cosas las que componen la imagen que te vuelves un poco loco mirando a todos lados y al final el conjunto pierde fuerza.

Y esto ocurre, porque el famoso dicho tiene razón: “menos es más”.

Así que hoy te traigo algunos consejos para evitar “saturar” los encuadres de tus fotos y conseguir ese efecto seudo-minimalista que tan atractivo resulta a los ojos.

1. Simplifica

Céntrate en una cosa. En la que consideres más importante.

Vuelve a mirar ese encuadre lleno de cosas y escoge: ¿el camino junto con las montañas de fondo? ¿La casita con el arcoiris? ¿los niños jugando?

En tus manos está componer la fotografía de tal forma que el elemento principal destaque y llame (ahora sí) la atención del espectador.

Pero pongamos unos ejemplos para entender a qué nos referimos:

Una de las personas que sigo en Instagram que mejor me parece que aplica esta máxima de la simplificación es Hello Emilie.

Feed de Hello Emilie

Su “feed” de Instagram es tan bello como simples son cada una de sus fotografías. Y cuando digo simples, me refiero a todo lo contrario, porque aunque son fotos que aparentemente tienen pocos elementos, son realmente expresivas en sí mismas.

Una foto como la que te presento a continuación, únicamente contiene dos elementos: una mujer y una tierra resquebrajada por la sequía. Es simple. Y es bella. Y no necesita más de esos dos componentes para ser expresiva y para atraer la atención del espectador.

 

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Y no.

No disponer de un dron no es excusa para no hacer este tipo de fotografías simplificadas.

Porque basta con observar, centrar la atención en una cosa y disparar.

 

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2. Saca partido al espacio negativo

Una fotografía se compone de tres elementos:

  • El marco: es decir, los límites de la fotografía; aquello que enmarca (valga la redundancia) lo que queremos retratar.
  • El espacio positivo: el elemento principal de nuestra fotografía. Aquello que hemos querido plasmar en una foto. Siguiendo con el ejemplo de antes, sería la casa con el arcoiris, el camino con las montañas, los niños jugando…
  • El espacio negativo: es todo aquello que está entre en el espacio positivo y el marco. Es (supuestamente) un espacio vacío; sin rellenar. De hecho, cuando el espacio negativo pasa a tener algún elemento importante que aporte información a la imagen, dejará de ser espacio negativo.

Y después de esta pequeña introducción teórica, ¿cómo sacamos provecho al espacio negativo?

Utilizándolo para aportar información a la imagen.

Porque aunque, como hemos dicho, se trata de un elemento vacío cuyo objetivo es que el espectador de la fotografía ni siquiera repare en él, sí debe aportar una presencia; un significado. Debe aportar matices a la fotografía.

Por tanto, deberemos tener en cuenta el peso visual que tiene ese espacio negativo a la hora de componer nuestra escena.

Así, por ejemplo, colocaremos el espacio negativo en la parte superior de una imagen, para aportar connotaciones como el de la libertad. O como en el siguiente caso además, la sensación de caída al vacío.

 

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O, por el contrario, aislaremos nuestros elementos principales entre un espacio negativo dominante para enfatizar la fuerza de esos dos elementos.

 

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3. Busca emociones

Ya lo venimos diciendo.

Todo este minimalismo no tendría mucho sentido si las imágenes que retratáramos no aportaran un significado extra.

No es lo mismo hacer una foto a un paisaje sacando lo que ves a simple vista, que intentar aportar un extra de información, como por ejemplo, el rocío de las flores por el frío, la inmensidad del lugar utilizando una persona para conseguir escala

De esta manera, tratando siempre de intentar expresar algo más en cada una de tus fotos y conseguirás que su fuerza visual se multiplique.

Y conseguir efectos como la grandiosidad…

 

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…la soledad…

 

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…o incluso puedes tratar de contar una historia…

 

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4. Trabaja tu ojo fotográfico

¡Qué fácil es decirlo y qué difícil aplicarlo! ¿verdad?

Si lo sabré yo…

Por algo te he puesto fotos de esta gran fotógrafa y no mías… 😉

Porque, si bien es cierto que de todos mis viajes me traigo unas cuantas fotos de este estilo del “menos es más”, todavía me queda mucho camino que recorrer hasta dominar por completo este tipo de fotografía.

Porque debemos trabajar nuestro ojo fotográfico.

No es algo que te vaya a salir de la noche a la mañana. Pero te aseguro que esforzándote, observando a tu alrededor y intentando simplificar las cosas, podrás conseguir imágenes tan bonitas y expresivas como las que te he traído en el post de hoy.

Mi consejo es que, cuando llegues a un lugar, mires a tu alrededor y te centres en uno o dos elementos que llamen más tu atención.

Piensa qué quieres describir; qué quieres que el espectador sienta al ver la foto. Y en función de ello, compón la fotografía como si de un rompecabezas se tratase: colócate tú en la foto o dile a tu acompañante que lo haga; procura que tu/su expresión vaya acorde con lo que quieres demostrar; utiliza los elementos de tu alrededor para reforzar el mensaje (flores, luces, etc.)…

Obviamente, no es un tipo de fotografía que se pueda hacer con prisas, así que ¡keep calm y disfruta del momento artístico!

¡Seguro que el esfuerzo acaba mereciendo la pena! 😉

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